A lo largo de los siglos, muchos santos, religiosos y fieles han dejado testimonio de una hermosa realidad: quienes rezan con caridad por las almas del purgatorio han experimentado, por la gracia de Dios, ayudas y protecciones inesperadas.
La Iglesia enseña que las almas del purgatorio ya están salvadas y que nuestras oraciones, sacrificios e indulgencias pueden aliviar su purificación. Aunque ellas no pueden merecer por sí mismas, la tradición espiritual católica relata numerosos casos en los que Dios ha permitido que intercedan por quienes las socorrieron con amor.
Santa Catalina de Bolonia decía que obtenía muchas gracias por medio de las almas del purgatorio. También otros santos y autores espirituales recomendaron esta devoción, afirmando que Dios, en su infinita misericordia, suele recompensar la caridad hacia estas almas.
Quizá nunca sepamos cuántas veces hemos sido librados de un peligro, consolados en una prueba o fortalecidos en una tentación gracias a la intercesión de aquellos por quienes un día ofrecimos un Rosario, una Misa o un pequeño sacrificio.
No dejemos de rezar por ellas. Hoy necesitan nuestras oraciones; mañana, por la gracia de Dios, podrían ser poderosas intercesoras por nosotros ante el trono del Señor.


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